domingo, 8 de septiembre de 2019

Consejos para profesores con alumnos afectados de TDAH en secundaria


Consejos para profesores con alumnos afectados de TDAH en secundaria

La sociedad y cada uno de nosotros, sabemos que necesitamos profesores que, a pesar de las sobrecargas laborales el desaliento que puede causar el no ser valorados y motivados por una sociedad que no ha aprendido a ser agradecida con sus profesores (o no ha sido enseñada a ser grata), luchan contracorriente y hacen de tripas corazón.
Solo los profesores por vocación, felices, entusiasmados y motivados revisan y actualizan sus conocimientos, y no se quedan en los libros y prácticas de la formación inicial docente. Crecen día a día en su vocación y saben de su importante labor social.
El profesorado debe favorecer la integración de los alumnos con TDAH y ayudarles a desarrollar destrezas sociales y académicas, con el objetivo de formar ciudadanos dignos, capaces de desenvolverse en la sociedad. Para el alumnado afectado por el TDAH “el papel del profesorado no sólo es fundamental, es vital”.
Todo el profesorado quiere un buen rendimiento académico en sus alumnos, independientemente de que padezcan alguna patología, síndrome o trastorno, pero, en el caso que nos ocupa, lo primero que debe ocurrir para que esto sea una realidad es que el profesorado comprenda y acepte el diagnóstico, ya que esto ayudará a implementar las pautas correspondientes y a tener unas expectativas adecuadas. Así mismo hemos de tener en cuenta que el rendimiento académico no tiene nada que ver con las bases del aprendizaje.
Según las Instrucciones de 8 de marzo de 2017, de la Dirección General de Participación y Equidad, por las que se actualiza el protocolo de detección, identificación del alumnado con necesidades específicas de apoyo educativo y organización de la respuesta educativa, la respuesta educativa para atender a la diversidad comprende todas aquellas actuaciones que, en el marco de la escuela inclusiva, tienen en cuenta que cada uno de los alumnos y alumnas es susceptible de tener necesidades educativas, específicas o no, especiales o no y, en consonancia con ellas, requieren unas medidas y recursos que les hagan posible acceder y permanecer en el sistema educativo en igualdad de oportunidades, favoreciendo el máximo desarrollo posible de sus capacidades personales y garantizando así el derecho a la educación que les asiste.
En toda la legislación y ordenación del sistema educativo se observa una secuencia descendente que consiste en concretar y adaptar cada vez más los contenidos y los principios educativos a la realidad inmediata. Este proceso comienza con los niveles de concreción curricular (nivel estatal, nivel autonómico, nivel de centro) y continua con las adaptaciones que el profesorado hace para su alumnado concreto (nivel de aula, nivel individual) que podrían también ser considerados como los últimos escalafones de la concreción curricular.
Así mismo, este principio rector queda patente en la aplicación progresiva y gradual de las medidas de atención a la diversidad, de modo que se toman en primer lugar aquellas de tipo preventivo y general aplicadas a la gran mayoría del alumnado y, según éstas fracasan o se muestran insuficientes, se van aplicando medidas concretas e individuales, llegando hasta la adaptación extraordinaria o incluso, en los casos más severos, a la escolarización en centros de educación especial.
De todas formas, con diferencias o sin ellas, hay una serie de pautas que pueden ayudar a que todos los niños afectados por el TDAH lleven perfectamente bien los estudios y, sobre todo, a hacerlo con una regulación emocional que juegue a favor de su autoestima y su autoconcepto, aspectos que en los TDAH pueden verse muy mermados, lo que provoca efectos muy negativos.
Por otra parte, el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) es un trastorno neurobiológico de inicio en la infancia y de carácter crónico, sintomáticamente evolutivo y de probable transmisión genética que afecta entre un 5 y un 10% de la población infanto-juvenil, llegando incluso a la edad adulta en el 60% de los casos. Está caracterizado por tres síntomas que provocan una dificultad de mantener la atención voluntaria frente a actividades, tanto académicas como cotidianas, excesivos movimientos sin finalidad y unido a la falta de control de impulsos. La sintomatología puede manifestarse de forma diferente según la edad del niño/a y se debe desarrollar en dos o más ambientes como en casa y en el colegio. Se da con mayor frecuencia entre los niños que entre las niñas en una proporción 2:1, y lo padecen tanto niños como adolescentes y adultos de todas las condiciones sociales, culturales y raciales (DSM - 5, 2013).
Gracias a las investigaciones científicas sabemos que el TDAH conlleva una serie de dificultades específicas en la capacidad atencional y en el control de impulsos, así como problemas de aprendizaje alteraciones de conducta asociadas y problemas de tipo emocional y de interacción social. Estas dificultades suelen provocar en los afectados unos índices bajos de autoestima, así como resultados académicos por debajo de sus capacidades.
Para el abordaje de esta problemática es de esencial importancia poner el énfasis en aquellas técnicas educativas y conductuales encaminadas a fomentar una mejora en el aprendizaje académico y competencia social, lo que necesariamente viene acompañado de programas de entrenamiento y formación para padres y docentes, así como un establecimiento de estrategias de actuación conjunto. Se persigue que tanto la familia como los profesionales implicados trabajen siguiendo una misma línea para que el menor se desarrolle, adquiera competencias y, en conclusión, pueda tener una buena calidad de vida.
La problemática que presentan los afectados por TDAH en el ámbito académico (falta de control de impulsos y dificultades en la demora de la gratificación, dificultades atencionales y gran distractibilidad, impulsividad, problemas en la atención sostenida y la memoria de trabajo, etc.) requiere un diseño del trabajo educativo por parte del docente que tenga en cuenta estas características que les ocasionan dificultades para comportarse de forma adecuada, interactuar de forma funcional y seguir el ritmo de las clases. Para esto es fundamental que el docente realice una formación específica para que conozca de forma profunda en qué consiste el trastorno, sus bases biológicas y las peculiaridades comportamentales, de procesamiento y emocionales que conlleva. El objetivo es ajustar las expectativas del profesorado, la dotación de estrategias para una correcta adecuación y adaptación de los aspectos curriculares, ambientales y organizativos del aula, así como de habilidades comunicativas y de interacción adaptadas a la idiosincrasia de cada alumno afectado por el TDAH.
A falta de esto podemos adelantar unos consejos para que los docentes puedan tener unas herramientas básicas para actuar con alumnos afectados por TDAH.
El profesorado, junto con los padres, son una pieza clave a la hora de encauzar el comportamiento del alumnado con TDAH y minimizar los efectos de sus síntomas con el fin de mejorar su aprendizaje, sus habilidades sociales y su autoestima.
Para ello, el profesor/a puede poner en práctica unas medidas relativamente sencillas, pero muy efectivas que, en términos generales, son:

       La empatía, la tolerancia, la paciencia y la autoridad son fundamentales en un profesor/a que tiene alumnos afectados por el TDAH.
       Cuando hay que hablar con ellos, lo mejor es hacerlo en privado, para no avergonzarle frente al resto de la clase.
       Hay que valorar el nivel en el que se encuentra el alumno/a en las distintas materias, identificando sus debilidades y fortalezas.
       Es apropiado que el aula donde esté el niño/a con TDAH tenga un número reducido de alumnos y un ambiente positivo de trabajo.
       Las normas deben de ser claras, con un clima de orden y compañerismo.
       Es conveniente que se ubique en la primera fila, rodeado de alumnos tranquilos. A ser posible, alejado de ventanas y puertas para evitar la distracción.
       Sobre el pupitre sólo debe tener lo que es necesario en cada momento, acostumbrándole a que guarde lo que ya no vaya a utilizar.
       Las órdenes e instrucciones en el aula deben ser cortas y directas, con refuerzos positivos.
       Es conveniente adaptar contenidos, tareas y exámenes, haciéndolos más breves, con enunciados cortos y con palabras clave remarcadas o, incluso, de forma oral si se considera necesario. Con la finalidad de evitar la distracción, es mejor limitar el formato a una, dos o tres preguntas por página.
El alumnado con TDAH puede tener un correcto desarrollo escolar si se aplican las intervenciones adecuadas en el aula sin perjuicio para el resto de los alumnos. Esto no significa bajar el nivel de exigencia del alumnado con TDAH, sino implantar unas técnicas de modificación conductual y de intervención en el aula adaptadas a sus necesidades específicas. De esta manera, se le podrá ayudar a combatir sus síntomas y las conductas que se derivan de ellos, evitando que cometa errores por descuido, a terminar sus tareas adecuadamente y a disminuir su mal comportamiento. Todo ello conllevará la mejora de su rendimiento académico y su integración con los compañeros, propiciando un buen ambiente general en el aula.
Así, nos atrevemos a decir que un buen profesor/a para los alumnos afectados por TDAH es el:
      Que haga que el Trastorno no sea tan trastorno y comiencen a verse las oportunidades.
      Que comprenda el trastorno y sus dificultades.
      Que facilite el aprendizaje.
      Que utilice recursos educativos adecuados.
      Que establezca un canal de comunicación directo con los padres.
      Que utilice los servicios de orientación.
      Que se forme e informe.
      Que no cargue a los padres de culpas.
      Que sea uno/a más en el progreso del niño/a.
      Que evalúe más la competencia que el conocimiento memorístico.
No es imposible, pero tampoco dijo nadie que fuese fácil.
A continuación, se indican unos consejos prácticos según el síntoma prevalente del niño/a con TDAH en la etapa de secundaria, bachillerato y formación profesional e incidiendo en los puntos a tratar en los que tiene problemas: evaluación, comportamiento, modificación de su conducta, motivación, etc.
En general, los jóvenes que se encuentran en la adolescencia necesitan de un guía que les oriente y dé seguridad para su desarrollo personal y profesional. Un papel que adquiere mayor importancia aún en los adolescentes con TDAH.

A.    Déficit de Atención y Problemas en el Aprendizaje
a.      Síntomas
A menudo, los adolescentes con TDAH suelen tener problemas en el aprendizaje, lo que les lleva a una constante frustración. Esto se debe a que, aunque son inteligentes, se ven incapaces de demostrarlo, bien por conflictos a la hora de asimilar conocimientos, como por dificultades a la hora de transmitirlos. Los síntomas que presentan los jóvenes con este trastorno son los siguientes:
      Siente apatía por el colegio o instituto.
      Se aburre durante las clases.
      Debido a que no es capaz de mantener la atención, suele no entender las explicaciones del profesor/a.
      A pesar de que es inteligente, sus calificaciones son bajas.
      Tiene problemas de concentración durante el estudio, lo que impide la asimilación de conocimientos.
      Deja la realización de las tareas para el último momento.
      Es posible que en algunas materias obtenga buenos resultados, mientras que en otras fracase. Esto puede deberse al interés que tenga en la asignatura y en la forma de impartir clase del profesor.
Estas dificultades generales suelen tener consecuencias concretas en el aprendizaje, en áreas como la lectura, las matemáticas, la escritura, el procesamiento del pensamiento, la memoria visual, la auditiva, las relaciones espacio-temporales, la coordinación visomotora, el orden y la pulcritud.

b.      Pautas para combatir problemas en el aprendizaje
Cómo impartir las clases:
      Ofrecer un alto grado de motivación, participación y refuerzo multisensorial.
      Evitar la abundancia de explicación verbal y el dictado del material.
      Las lecciones deben de ser dinámicas y estructuradas para motivar el aprendizaje. Las rutinas ayudan a una mejor organización.
      Explicar con detalle los procesos sobre cómo hacer las cosas.
      Enseñar técnicas de estudio, con aplicación práctica en el aula.
      Fomentar el trabajo cooperativo entre alumnos para ayudar en la dedicación continua a una misma tarea.
      Dividir el trabajo en pequeñas cantidades para ayudar al cumplimiento de cada una de las tareas.
      Tratar de empatizar con el alumno/a a través de una actitud de autoridad, apoyo y confianza, para que se sienta apoyado en el proceso del aprendizaje.
Para lograr que el alumno/a aprenda a aprender:
      Actuar como mediador entre el joven y las estrategias y habilidades para aprender, asimilar y dominar contenidos.
      Aplicar una enseñanza para todos, de tal modo que se responda a las necesidades de los diferentes alumnos, asegurando el éxito académico. Para ello, hay que cambiar el concepto de decirle al estudiante lo que ha hecho mal, por el de enseñar a cómo hacerlo bien. Asimismo, hay que:
-        Conocer las debilidades y fortalezas de cada alumno/a.
-        Transmitir conocimiento vinculado a la asociación y la vivencia.
-        Favorecer el análisis de la información.
-        Motivar la realización de ejercicios prácticos.
      Mantener una comunicación fluida con los padres para informarles de cómo pueden ayudar para fortalecer el aprendizaje de sus hijos.

c.       Ejercicios prácticos
Motivar al alumno/a para que trabaje:
      Ofrecer algún tipo de incentivo que ayude al alumnado a interesarse por conseguir alguna meta.
      Fomentar la persistencia como una vía para obtener el éxito.
      La motivación depende en gran parte de las posibilidades reales de conseguir lo propuesto. Por el contrario, la desmotivación es fruto de una elevada dificultad.
      A través de las tareas, los alumnos buscan satisfacer una serie de necesidades, que hay que ayudarles a conseguir:
-        Independencia, mediante la toma de sus propias decisiones.
-        Capacidad de resolución, tras comprobar que pueden hacer las cosas por si mismos de manera satisfactoria.
-        Sentido de pertenencia, formando parte de algo más grande.
-        Estimulación, a través de encontrar placer con lo que se hace.
Adecuación curricular:
      Es necesario adaptar el programa educativo a las necesidades particulares de cada alumno/a, con el fin de evitar el fracaso. El profesorado está plenamente cualificado para hacerlo, solicitando la ayuda del orientador en caso de considerarlo necesario, ya que no supone una disminución del nivel de exigencia, sino una adaptación en la forma de transmitir y adquirir conocimientos, así como en los procedimientos para su evaluación.
      Antes de realizar las adecuaciones, hay que tener en cuenta varios puntos:
§  Respecto al alumno/a:
o   Analizar sus debilidades y fortalezas en materia de estudio.
o   Identificar sus necesidades.
o   Marcar claramente el objetivo de la enseñanza.
o   En base a ello, realizar una adecuación concreta y adaptada a las características de cada estudiante que lo necesite.
§  Respecto al resto del grupo:
o   Explicar en qué consiste una adecuación curricular.
o   Fomentar el respeto a las diferencias de cada uno de los miembros.
o   No etiquetar a nadie como “diferente” o “especial”, y fomentar que el resto del grupo tampoco lo haga.
o   Dejar claro que adecuación curricular no significa disminuir el nivel de exigencia.
      De forma paralela, el profesor/a debe de enseñar al alumno/a formas de compensar sus debilidades, de tal modo que poco a poco vaya superándolas. En cualquier caso, hay que tener en cuenta que los problemas de atención y aprendizaje no se curan con la madurez, y la necesidad siempre estará ahí aunque pase el tiempo.

B.     Hiperactividad e Impulsividad
a.      Síntomas
Las actitudes propias de la adolescencia, que aparecen por tratarse de una etapa de desarrollo, se ven agravadas cuando el joven o la joven padece TDAH con predominio de Impulsividad o Hiperactividad.
Por ello, antes de tomar medidas, hay que determinar las causas de esos comportamientos.
Los síntomas son los siguientes:
      Conducta rebelde ante el intento de terceros de controlar sus emociones y comportamiento.
      Continuo enfrentamiento con la autoridad.
      Rechazo al colegio dado que no encuentra relación entre el mundo real y lo que le ofrecen en las aulas.

b.      Pautas para combatir la Hiperactividad y la Impulsividad
Prevenir la aparición de conflictos:
      Crear un ambiente en el que se fomente la comunicación.
      Establecer las reglas de una forma clara y precisa.
      Tener previstos patrones de actuación para afrontar situaciones de enfado, frustración o, incluso, agresión.
      Mantener una actitud hacia el alumno que favorezca la confianza.
Ejercer la disciplina:
      Adoptar una actitud firme a la hora de hacer que se cumpla la norma. Esta actitud se caracteriza por la claridad, pero siempre de forma respetuosa, abierta y afectiva.
      Evitar actitudes permisivas (falta de firmeza y constancia) y dominantes (promueven la hostilidad y el ambiente negativo), que son menos efectivas. El respeto entre ambas es fundamental en las relaciones dentro y fuera del aula.
      Adoptar una comunicación positiva, en la que se escuche al adolescente, sin enjuiciar, ni criticar, primando siempre la comprensión, la confianza y la empatía.
      Utilizar la negociación para la resolución de conflictos. El profesor/a debe identificar el origen del problema y plantear posibles formas de solucionarlo, haciendo partícipe al alumno/a para que asuma su responsabilidad.
      Cambiar castigos por consecuencias lógicas. Es decir, cuando un alumno/a lleve a cabo una conducta inadecuada, en lugar de amonestarle, se le aplicará una consecuencia lógica de la misma. Por ejemplo, si habla en clase con un compañero/a, se le separará de él para evitar que continúe haciéndolo.
      Utilizar el costo de respuesta para disminuir comportamientos inapropiados. Consiste en que el joven tiene que pagar con un privilegio como consecuencia de no cumplir lo establecido. Para ello, el alumnado debe de saber previamente qué comportamientos son los que derivan en esta medida. El tiempo que dure la supresión de privilegios no debe ser muy extenso, ya que puede convertirse en un castigo para el alumno/a.
Cómo afrontar las conductas desafiantes:
      Es conveniente no prestar atención a determinadas conductas.
      Ofrecer alternativas de solución ante un problema.
      Mostrar una actitud firme en la toma de decisiones.
      Escuchar sin entrar en discusiones.
      Utilizar el “tiempo fuera”.
      No hay que sermonear, presionar, adoptar una actitud de superioridad, ni tampoco promover una lucha de poder.

C.     Evaluación
 El contexto escolar en el que se trabaja con los alumnos afectados por el TDAH es decisivo en el resultado de su evolución académica. Al tratarse de alumnos con un trastorno de origen neurobiológico, dependiendo de ese contexto, sus síntomas de inatención, hiperactividad e impulsividad se agravarán y se darán con mayor frecuencia e intensidad (lo que desembocará en una deficiente evolución) o, por el contrario, se atenuarán, logrando así que el alumno/a evolucione satisfactoriamente.
Es imprescindible que el profesorado tome las medidas de actuación precisas para establecer una evaluación personalizada, adaptada a las necesidades de todos los alumnos con TDAH con el fin de conseguir su éxito escolar.
A continuación, se indican una serie de recomendaciones para determinar el sistema de evaluación correcto para estos alumnos:

a.      Tipo de exámenes
      Reflexionar sobre cuál es el tipo de prueba (oral o escrita) y formato (de desarrollo, verdadero/falso, esquemas, frases para completar, etc.) más conveniente para el alumnado afectado por el TDAH. Para ello, el tutor debe recopilar de todos los profesores que imparten clase al alumno/a los diferentes formatos de exámenes que utilicen para así establecer las pruebas más idóneas que facilitan al alumno/a demostrar sus habilidades y conocimientos adquiridos.
      Entregar los exámenes escritos al alumno/a, para evitar la lentitud de procedimientos, como la copia o el dictado, lo que puede acarrear errores que no son propios de la evaluación.
      Permitir al alumno/a que presente problemas de escritura, hacer los exámenes de forma oral o mediante procesador de textos.

b.      Calendario
      Coordinar el calendario de los exámenes, para evitar el sobreesfuerzo de estos alumnos a la hora de su preparación y realización. Por ello, es conveniente realizar como máximo dos exámenes a la semana, aunque es preferible que sólo fuese uno. En todo caso, se debe procurar que nunca coincidan los dos el mismo día.
      Programar los exámenes al menos con una semana de antelación y informar a los padres de las fechas de realización.
      Realizar los exámenes en las primeras horas de clase, para lograr el máximo rendimiento.

c.       Antes del examen
      Aconsejarle el uso de marcadores de tiempo (cronómetros o recordatorios), para conseguir una adaptación a sus dificultades de la gestión del tiempo.
      Asegurarse de que tiene todo el material necesario para realizar la prueba de evaluación: folios, lápices, gomas, etc., y que tenga varios para que, si se caen al suelo, no pierda tiempo en buscarlos.

d.     Durante el examen
      Cerciorarse de que el alumno/a ha entendido bien las preguntas que se le formulan en el examen, permitiéndole acercarse a la mesa del profesor si tiene alguna duda, tantas veces como sea necesario.
      Dejarle moverse en el asiento o ponerse de pie cuando lo precise, ya que su actividad motora no le permite estar todo el tiempo de la prueba en su asiento.
      Permitirle que haga el examen en una o dos sesiones, si se le observa muestras de cansancio mientras realiza la prueba escrita.
      Algunos alumnos con TDAH van muy lentos, mientras que otros se precipitan y, debido a su impulsividad, responden mal a las preguntas. Por ello, durante el examen se le debe dar el siguiente apoyo:
-        Guiarlo si no se concentra.
-        Asegurarse de que entienda las preguntas.
-        Comprobar que ha respondido a todas las preguntas.
-        Recordarle que repase sus respuestas antes de entregar el examen.

e.      Evaluación continua
Los exámenes continuos ayudan al alumnado afectado por el TDAH a obtener una información que les permite mejorar en su proceso de aprendizaje, ponerse nuevas metas y poder exponer aquello que saben en todo momento. Esto conlleva un aumento de los buenos resultados, lo que a su vez hace que su motivación sea mayor, y por tanto, se sientan más exitosos.
Asimismo, al sentirse mejor emocionalmente, están más dispuestos a dejarse modelar, por lo que se minimiza también el riesgo de que ocasionen problemas de conducta en el centro educativo.
Por tanto, el intercambio de información entre profesorado y alumnado afectado por el TDAH es fundamental para saber qué conocimientos ha interiorizado y cómo puede seguir progresando, por lo que se han de establecer las siguientes pautas de actuación:
      Encontrar sus mejores momentos de rendimiento para realizar la evaluación continua en las horas de clase de las diferentes materias.
      Las evaluaciones formales deben ser frecuentes y no deben contener mucha materia para evitar que realicen un esfuerzo excesivo para su preparación. Éste suele provocarles un cansancio y agotamiento que les impide rendir, les desanima y propicia que abandonen antes de empezar a estudiar, debido a su incapacidad para sostener la atención y concentración durante el tiempo necesario.
En definitiva, se trata de que la evaluación a los escolares afectados por TDAH sea personalizada, de manera que se les permita combatir el fracaso académico, mientras se respetan los principios pedagógicos de calidad, equidad y atención a la diversidad del alumnado, que son consustanciales a nuestro sistema educativo.
Si a pesar de la adopción de estas medidas y otras similares los alumnos fracasan y no se obtienen los resultados esperados, los tutores deberán coordinar actuaciones con todos los profesores para analizar la situación y plantearse cómo mejorar el aprendizaje previsto, tomando medidas de ajuste curricular y educativo que permitan mejorar el proceso educativo del alumno.

miércoles, 21 de agosto de 2019


La vuelta al cole para los niños con TDAH

Llega septiembre, y aunque muchas familias lo están deseando, es un temido mes para muchas familias puesto que para la mayoría de ellas supone la vuelta a la rutina total: casa, clases, colegio, trabajo, niños… Después de las vacaciones de verano toca reorganizarse, planificar y estructurar actividades diarias.
La vuelta a las rutinas después de las vacaciones puede suponer un verdadero suplicio: nervios, prisas, cansancio, falta de sueño, irritabilidad, todo esto y más puede aparecer después de las vacaciones al cambiar a las rutinas. Los cambios conllevan mucho estrés y nervios, y en especial para los niños con Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) esta vuelta al cole es algo que les afecta mucho.
La vuelta al cole es para cualquier familia un periodo de ajetreo y adaptación que conlleva un cierto grado de estrés, tanto para los niños como para los padres. La preparación del material escolar, libros, uniformes, cuadernos, etc... que es lo normal para cualquier familia. Sin embargo, eso es precisamente lo menos importante para las familias con hijo o hija diagnosticado de TDAH. En estos casos es mucho más importante atender a los aspectos de tipo organizativo, educativo, y emocional.
Sacarlos de la cama, la tardanza en prepararse para ir al cole, los bocadillos olvidados, las luchas de tareas de último minuto, el desayuno perdido y otras batallas diarias hacen de la temporada de regreso a la escuela una bendición mixta o una sensación agridulce para muchos padres de niños con TDAH. La transición de una rutina de verano menos estructurada a un ritmo estricto de regreso a la escuela rara vez es suave y, a menudo, provoca caos, explosiones emocionales y agotamiento.
Para una mejor adaptación a esta nueva situación es importante tener en cuenta las características específicas de nuestro hijo/a y adaptarnos a ellas a la hora de planificar y poner en marcha la vuelta al cole, cada niño es un mundo y el hecho de tener TDAH hace las cosas diferentes.
Para afrontar la vuelta al cole y las rutinas comunes y evitar problemas y decisiones erróneas lo mejor es anticiparse e ir adaptándonos poco a poco a las rutinas y horarios de forma gradual, debemos ir adaptándonos desde ya, planeando esa vuelta con antelación y previsión.
Para conseguir esta adaptación y organización es conveniente, en la medida de lo posible, no alargar las vacaciones hasta el último momento. Debemos tener en cuenta ese periodo necesario de adaptación no sólo para los niños sino también para los padres.
Preparar la vuelta al cole.
Planificación: Es importante que nos planifiquemos muy bien, para ello es conveniente tener listo tanto el material como los libros de texto (cuando sea posible) antes de que comiencen las clases. Por lo general, y una vez revisado el material que tenemos en casa podemos hacer un listado con los materiales y textos que nuestros hijos pueden necesitar. Una buena idea es acudir a comprar todo el material con el niño, para que sea de su agrado, tomarnos nuestro tiempo en conversar con él sobre la utilidad de cada cosa que adquiera. De esta forma evitaremos reiteradas compras y economizaremos el tiempo que le vamos a dedicar a esto.
También, puede que necesiten que les vayamos recordando regularmente cuánto falta para que empiecen las clases. Anticipar los acontecimientos es esencial para ellos y para nosotros como padres.
Organización de la dinámica familiar: es esencial para establecer una organización de cara al nuevo horario escolar, evitar conflictos y mantener una organización interna con responsabilidades de todos los miembros de la familia, repartirse las responsabilidades como padres en las comidas, actividades, llevar y recoger a los niños del colegio, cenas, etc., jerarquizar las tareas: "poner en primer lugar lo importante". No se puede abarcar todo de una vez y los dos padres deben trabajar coordinados de manera que tenemos que priorizar y establecer un orden.
Esto dicho así parece fácil, pero los padres con hijos diagnosticados con TDAH han de tener en cuenta que las mañanas difíciles generalmente están vinculadas a las debilidades de la función ejecutiva. Un niño con TDAH no tiene un sentido sólido del tiempo, se distrae fácilmente y carece de pensamiento futuro: la capacidad de comprender cómo las acciones de uno en el presente afectan su futuro, negativa o positivamente. Una vez que un padre comprende estos desafíos, puede trabajar productivamente para enfrentarlos con un horario familiar más inteligente.
Buscar su colaboración: Pedirles su colaboración para preparar la vuelta al cole puede ser buena idea. Involucrarles y darles responsabilidad es bueno para que se sientan útiles e importantes y puede despertar su interés y motivación por el colegio. Que nos ayude a preparar el material, a hacer el horario escolar, compra de material, así como que tomen parte de las diferentes actividades extraescolares disponibles según la disponibilidad y preferencias.
Fomentar la motivación con actitud positiva: fomentar la motivación de empezar el nuevo curso buscando y destacando los aspectos positivos de volver al cole puede ayudar a motivar a los niños a empezar con positivismo esta nueva etapa: el reencuentro con los amigos, excursiones, el recreo, nuevas actividades, la posibilidad de hacer nuevas amistades, poner en práctica lo aprendido durante el verano, etc.
Dar apoyo a nuestros hijos en su nueva etapa escolar: Escuchar los miedos e inquietudes de nuestros hijos, no negarlos e intentar razonarlos. El niño con TDAH puede estar más nervioso ante la vuelta al cole porque, en muchas ocasiones, sus experiencias allí no han sido siempre positivas. Favorecer la comunicación con nuestros hijos hará que cuente con un apoyo familiar ante los problemas que puedan surgirles y de ese modo pueda afrontar mejor las situaciones difíciles que puedan surgirle (fracaso escolar, rechazo de los iguales, sensación de incompetencia, frustración, etc.). Es aconsejable que mantengamos con nuestros hijos una comunicación abierta y comentar con ellos su día de colegio, escucharlos sin juzgar, apoyarlos, etc.
Trasmitirles confianza en sí mismos: Se trata de transmitir confianza y seguridad para el nuevo curso. No olvidemos que están sometidos a una gran presión y que suelen tener mayor sentimiento de fracaso. Buscar siempre el aprendizaje sobre el éxito, maximiza los resultados, potencia la autoestima y garantiza la motivación sobre la tarea. Debemos adecuar la tarea a sus capacidades, de tal manera que se sienta competente y confiado en sus capacidades.
Programar y coordinar las actividades extraescolares: Debemos tener en cuenta también a la hora de organizarnos, las actividades extraescolares. Las actividades extraescolares son muy beneficiosas para estos niños, ya que ayudan a canalizar la energía y las emociones, pero no debemos olvidar que sobrecargar con excesiva actividad extra-escolar puede ser contraproducente. Lo primero que nos debemos plantear es la necesidad de cada una de ellas y si son realmente estimulantes y adecuadas para el correcto desarrollo y evolución de nuestro hijo con TDAH.
Hay que jerarquizar las necesidades intentando encontrar un equilibrio entre una actividad de tipo lúdico/deportiva y una actividad de formación extracadémica (idiomas, música, refuerzo académico, etc.)
Los deportes son siempre una excelente opción dado que, por ejemplo, en aquellos que se practiquen en equipo va a poder emplear y desarrollar las habilidades sociales que posee, pero siempre aconsejamos deportes de equipo con número reducido de participantes o deportes individuales (pero en compañía) donde se planten retos personales.
Por su parte, hay muchos que precisan de apoyo académico fuera del aula, para lo que os recomendamos que este sea en grupos lo más reducidos posibles o, mucho mejor, de manera individual. Con ello evitamos distracciones y aseguramos que el tiempo que dedica a ello es mucho más aprovechado.
Recuperar las rutinas: Es muy importante empezar a adaptarse a las rutinas un tiempo antes de que comience el cole (volver a los horarios de descanso, comidas, sueño, etc.). Semanas antes debemos ir acostando a los niños antes para levantarlos a una hora más temprana hasta llegar a los horarios normales, reduciendo paulatinamente las horas de juego y tiempo libre (que suelen ser más amplias durante las vacaciones) para sustituirlas por otras actividades más relacionadas con lo académico (leer, repasar, escribir, etc.). Debemos tener en cuenta que, si no se han seguido las rutinas durante el verano, volver a ellas puede ser muy complicado. Probablemente tendremos que dedicar más tiempo a supervisar, recordarles más a menudo qué deben hacer, cómo y cuándo.
Las rutinas son indispensables para los niños con TDAH y para sus familias. La finalidad de una rutina o estructura es garantizar un buen equilibrio entre actividad y descanso, entre estimulación física y mental, y entre actividades que permiten al niño desarrollarse como individuo y las que le enseñan aptitudes sociales y de convivencia con sus semejantes. Cuando hablamos de hábitos y rutinas hablamos de automatización de conductas; los niños con TDAH tienen muchísima dificultad para automatizar conductas y esto tiene que ver con el retraso en el desarrollo del lenguaje interno, otra de las Funciones Ejecutivas afectada.
Para muchos de vosotros la rutina de la mañana es de las más complicadas del día: levantarse, vestirse, desayunar… puede llegar a resultar caótico y hacernos llegar tarde al colegio y al trabajo. Para ello, es muy importante que desde pequeños trabajemos con ellos la interiorización de rutinas, la adquisición de hábitos, y realizarlo por ejemplo a través de un sistema de economía de fichas, contratos, etc. Si nos encontramos con niños más mayores podemos adaptar este sistema a sus preferencias e ir con ello logrando, poco a poco, el mejor desarrollo de rutinas.
Por ello, os doy estos 10 pequeños consejos que os facilitaran el volver a establecer una rutina de cara al nuevo curso escolar:
1.      Establecer un programa de las actividades diarias. Lo ideal es que lo hagáis juntos y así el forme parte del proceso organizativo.
2.      Concretar un horario y plazo límite para realizar cada una de las actividades del programa.
3.      Utilizar un código de color para clasificar las actividades y tareas. De esta forma será más fácil identificarlas.
4.      Colocar el programa de actividades en un lugar y a una altura accesible para el niño. De esta forma le resultará fácil consultarlo.
5.      Crear listas de materiales necesarios para cada una de las actividades, para que pueda comprobar que no se le olvide nada a la hora de comenzar, ni a la hora de recoger cuando haya terminado.
6.      Utilizar sistemas de organización para que le resulte sencillo encontrar lo que necesite. Una zona para los libros, otra para los juguetes, otra para las cosas del colegio…
7.      Elaborar una lista de organización para determinar dónde se guarda cada cosa.
8.      Enseñarle a utilizar el reloj y asegurarse de que lo lleve puesto, para que pueda gestionar el tiempo de cada una de las actividades y tareas.
9.      Establecer un sistema de recompensa para los casos de organización eficaz.
10.  Procurar que el niño tenga ocasión de demostrar su talento para ayudarle a reforzar su autoestima.
Retomar los sistemas de organización en casa: Los carteles con normas y límites, rutinas y horarios pueden volver a ser necesarios. Es importante revisar las antiguas normas con el fin de valorar si consideramos que deben seguir vigentes o debemos realizar modificaciones. A medida que pasan los cursos, los niños deben asumir más responsabilidades y las consecuencias de sus acciones deben ser más coherentes con su grado de madurez y entendimiento. Empezar, por lo menos, dos semanas antes hará más fácil interiorizar las normas y recuperar la dinámica familiar del curso.
No hay que olvidar que a veces los niños responden al estrés de la vuelta al cole con llantos, rabietas, dificultades para dormir, irritabilidad. Esto puede ocurrir incluso si hemos preparado y anticipado la vuelta al cole. Normalmente no es preocupante, estas conductas suelen ser pasajeras y terminan desapareciendo. Pero si tarda mucho en adaptarse o las conductas empeoran hay que hablar con el profesor para tratar de averiguar qué pasa y si es necesario acudir a un profesional.
Gestionar las ayudas y los protocolos: Establecer un calendario de citas y seguimiento con el centro escolar y los servicios de salud es fundamental de cara a valorar el desarrollo y la evolución de nuestro hijo/a y revisar y plantear objetivos.
En el aspecto sanitario debemos revisar y actualizar los informes clínicos, valorar el progreso, cambios significativos, el peso y la talla y la adecuación del tratamiento farmacológico, así como la revisión de las pautas y objetivos terapéuticos.
En el aspecto académico debemos revisar los informes psicopedagógicos con el fin de verificar que la valoración psicopedagógica está en vigor o solicitar la realización de una si no se tiene ésta. También es importante solicitar una cita con el orientador y el tutor escolar al principio de curso, con el fin de plantearles la situación de nuestro hijo/a, establecer objetivos académicos y personales y gestionar las ayudas y apoyos desde el centro escolar y el hogar. También es importante revisar las ayudas y los apoyos económicos con lo que podemos contar desde las diferentes instituciones.
El rincón de estudio.
Sabemos que uno de los caballos de batalla para muchos niños con TDAH es el ámbito académico. Es importante que, para poder enfrentarse de la mejor manera posible al estudio y a las tareas, cuenten en casa con un rincón exclusivamente dedicado al estudio. Este puede estar o no en su habitación, dependerá de la organización de cada casa, pero es importante que cuente con unas características propias:
·         Evitar elementos distractores como televisiones, radios, teléfonos y cualquier aparato electrónico que sea de su agrado.
·         Que cuente con espacio para poder tener organizado el material de clase, libros, libretas y todo lo que hayamos adquirido en la compra de material. Recordemos que si cada cosa cuenta con un sitio definido para depositarlo, será mucho más fácil para el niño no extraviar nada y también guardarlo y encontrarlo cuando lo necesite. Podemos emplear etiquetas o tarjetas para marcar el sitio de cada elemento, por ejemplo. Si hacemos esta tarea de organización con él, no lo verá como algo impuesto e incluso pude resultar divertido para él además de tranquilizador al saber que antes de comenzar las clases cuenta con todo lo que va a necesitar.
·         La luz y la comodidad también son requisitos indispensables. Una buena lámpara y una silla cómoda mejorarán las condiciones que tenga su rincón de estudio.
·         Espacio despejado en su mesa de trabajo. Cuantos menos objetos tenga a la vista, más difícil le resultará distraerse. Para ello es recomendable guardarlo todo en cajones o cestas marcadas. De esta forma también será más sencillo para él mantener el orden de este espacio.
Las tareas de casa.
Es importante que los niños, en función de su edad, colaboren en el mantenimiento de las labores de casa, ya que esto les ayuda a verse parte de la familia y a adquirir responsabilidades y autonomía.
Para hacerlo, como siempre, es recomendable que el niño tome parte en la planificación y reparto de tareas que se haga, que se tenga en cuenta su opinión y, por qué no, sus preferencias, así las tareas que realice serán más de su agrado y las desarrollará mejor.
Tiempo en familia.
Reconocemos que en muchas ocasiones es costoso llevar a cabo el día a día entre trabajo, colegio, casa, actividades extraescolares y un sinfín de cosas más, por ello es importante que reservéis tiempo durante la semana para la familia, para pasar tiempo juntos, leer, pasear o hacer aquello que os guste, ya que es una forma estupenda de recompensar todo el esfuerzo que diariamente, padres e hijos, realizáis.

¡¡¡Los niños con TDAH no son problemáticos, tienen un problema!!!

Mindfulness, Terapia Complementaria o Alternativa del TDAH en Adultos Estudio piloto

domingo, 14 de julio de 2019

¿TDAH o Trastorno de la Función Ejecutiva?


¿TDAH o Trastorno de la Función Ejecutiva?

Realmente intento mantener mi mente en lo que está diciendo la profesora, pero no puedo hacerlo mucho tiempo […] estoy escuchando lo que ella dice y después a alguien se le cae un lápiz y tengo que estirar el cuello para buscar dónde cayó; después escucharé a la profesora otro par de minutos, y poco después estoy pensando en algún programa de televisión que vi la noche pasada […]. Un par de segundos después comenzaré a divagar sobre lo que voy a hacer después de la escuela […], y después miro el reloj y me pregunto cuánto falta para que termine la clase. Todas estas cosas pasan por mi mente a la vez, es como si estuviera viendo cuatro canales de la tele a la vez. Es muy difícil mantenerte atento a lo que está diciendo alguien a quien quieres escuchar.
Comentario realizado por un niño en entrevista de
Thomas Brown (2006).

Un niño, un adolescente o un adulto con trastorno por déficit de atención (TDAH o TDA) puede ser hiperactivo, inatento y / o impulsivo. Los clínicos siempre han entendido la hiperactividad y la impulsividad. Sin embargo, la comprensión de la falta de atención ha pasado de ser principalmente "la incapacidad de permanecer en la tarea" a un concepto más amplio llamado trastorno de la función ejecutiva (EFD), que implica un patrón de dificultades crónicas en la ejecución de las tareas diarias. Esto a veces se llama disfunción ejecutiva.
Estas personas carecen de las habilidades para manejar la frustración, comenzar y completar tareas, recordar y seguir instrucciones de varios pasos, mantenerse en el camino, planificar, organizar y autocontrol. Los terapeutas del TDAH y otros profesionales que pueden evaluar y diagnosticar el TDAH suelen señalar los problemas de la función ejecutiva, pero muchas familias los descartan como menos críticos que otros desafíos de aprendizaje. Sin embargo, está claro que el funcionamiento ejecutivo efectivo es un factor clave para remediar las dificultades académicas.
Hay mucha confusión en torno a la "función ejecutiva", y cómo se relaciona con el TDAH. ¿El TDAH es un trastorno de la función ejecutiva? ¿Todos los trastornos de la función ejecutiva también son TDAH? Las respuestas dependen de lo que entendemos por "funciones ejecutivas" y de cómo se relacionan con la autorregulación.
Russell Barkley, Ph.D., una autoridad reconocida internacionalmente sobre el TDAH, explica cómo los déficits de la función ejecutiva se originan en el cerebro y cómo pueden servir como signos de alerta temprana del TDAH.
El término "funcionamiento ejecutivo" fue acuñado en la década de 1970 por Karl Pribram, cuya investigación indicó que las funciones ejecutivas están mediadas principalmente por la corteza prefrontal. Tradicionalmente, se ha utilizado ampliamente en neuropsicología, psicología clínica y psiquiatría. En los últimos años, sin embargo, se ha extendido al campo más amplio de la psicología general y a la educación.
La Función Ejecutiva engloba un conjunto de procesos cognitivos mediados por el lóbulo frontal del cerebro. Estos procesos tienen como papel principal regular el comportamiento y las emociones para ayudar a la persona a desenvolverse y adecuarse a las exigencias de su entorno inmediato.
Así pues, podemos definir la Función Ejecutiva, como un conjunto de capacidades y habilidades mentales implicadas en una cadena de procesos -regulación, anticipación, supervisión, generación, ejecución y reajuste de conductas ante una situación novedosa- que facilitan la formulación y planificación de metas, y el logro de las mismas de manera eficaz y autosuficiente. La Función Ejecutiva coordina y organiza los procesos cognitivos básicos, como la memoria y percepción, para solucionar problemas de manera propositiva. Según Barkley, es, además, un modelo de acción auto-dirigido que permite globalizar las consecuencias sociales, considerando de manera simultánea las consecuencias inmediatas y posteriores de las distintas alternativas de acción.
Las habilidades o destrezas que componen la Función Ejecutiva son iniciativa, control inhibitorio, planificación, organización, flexibilidad, memoria de trabajo, y monitoreo. A continuación, se explica cada una de ellas:
·         Iniciativa: Está relacionada con la activación cognitiva, la motivación y la generación de ideas para iniciar una tarea.
·         Control inhibitorio: Permite inhibir impulsos generados por la propia persona o el medio exterior que puedan poner en riesgo el plan. Inhibe la memorización de información irrelevante, la interferencia de recuerdos de eventos anteriores y permite parar la acción en un tiempo determinado. Esta capacidad está fuertemente relacionada con el rendimiento académico y las relaciones sociales. El fallo en la inhibición de una respuesta induce a la perseveración.
·         Control emocional: Permite modular las respuestas emocionales ante eventos estresantes, o de cualquier tipo. Un control emocional pobre conduce a la labilidad y explosividad emocional.
·         Planificación y organización: Son las capacidades que engloban la formulación de hipótesis, estimaciones cognitivas, y el generar estrategias eficaces para la resolución de problemas. La planificación integra, secuencia y desarrolla los pasos para lograr un objetivo.
·         Flexibilidad: Es la habilidad para retroceder, corregir y cambiar los planes a partir de la evaluación de los resultados conseguidos, así como si existen cambios en el medio ambiente o en las condiciones en las que se lleva a cabo la tarea. Es, además, la generación de nuevas estrategias de acción, la capacidad para la creatividad y la originalidad.
·         Memoria de trabajo: La memoria de trabajo está implicada en cualquier actividad de la vida cotidiana, ya que requerimos mantener activa la información de nuestro entorno en la mente, y retenerla por un breve periodo de tiempo sin que el estímulo esté presente, con el fin de ejecutar planes de acción. Además, es esencial para la convivencia en grupo con otras personas, para entablar discusiones o conversaciones en las que se intenta entender lo que el otro está diciendo mientras uno mismo se formula la respuesta.
·         Monitorización: Consiste en revisar todos los pasos, detectar errores y corregirlos.
La Función Ejecutiva se desarrolla desde primeras edades y es un factor esencial en la vida cotidiana de los niños. Les permite adaptar su conducta para relacionarse con sus pares, para responder emocional y socialmente a las situaciones que se les presentan, rendir eficientemente en el ámbito escolar, resolver problemas o simplemente para realizar actividades novedosas o complejas. Disfunciones en estos procesos tendrán como consecuencia una mala regulación emocional y conductual, y un deficiente o nulo logro de objetivos, lo que afectaría de manera directa el desempeño escolar, el aprendizaje y la socialización de los niños.
Según Barkley, el TDAH es uno de los trastornos más prevalentes en la infancia y diversos investigadores han documentado que se caracteriza por un marcado deterioro en el funcionamiento ejecutivo. Los niños con TDAH suelen ser desorganizados, se olvidan de las cosas y perseveran en los errores que cometen, ya que no se dan cuenta de los mismos y a veces les cuesta trabajo reconocerlos aun cuando una persona se los demuestre. En ellos es evidente la falta de flexibilidad para cambiar estrategias y planificar en función de una nueva tarea. Se distraen con facilidad cuando están ejecutando alguna actividad, les cuesta regresar la atención y seguir el hilo de la misma. Todas estas situaciones son expresiones de déficits en la Función Ejecutiva.
Hasta ahora, conocemos cuatro circuitos en esta parte del cerebro que se relacionan con el funcionamiento ejecutivo y los déficits del funcionamiento ejecutivo.
-        El circuito "Qué": va desde el lóbulo frontal, especialmente la superficie externa, hacia un área del cerebro llamada ganglio basal, en particular una estructura llamada estriado. El circuito "Qué" está vinculado a la memoria de trabajo, por lo que es en este circuito que lo que pensamos comienza a guiarnos en lo que hacemos. Esto es particularmente cierto cuando se trata de planes, objetivos y el futuro.
-        El Circuito “Cuándo”: este segundo circuito va desde la misma área prefrontal hasta una parte muy antigua del cerebro llamada cerebelo, en la parte más posterior de la cabeza. El Circuito “Cuándo” es el circuito de sincronización del cerebro: no solo coordina la suavidad del comportamiento y la secuencia de la conducta, sino también la puntualidad de sus acciones y cuándo hace ciertas cosas. Un circuito “Cuándo” que funciona incorrectamente en una persona con TDAH explica por qué a menudo tenemos problemas con la administración del tiempo.
-        El circuito "Por qué": el tercer circuito también se origina en el lóbulo frontal y pasa por la parte central del cerebro (conocida como el cingulado anterior) hacia la amígdala, la puerta de entrada al sistema límbico. A menudo se lo denomina circuito "caliente" porque está vinculado a nuestras emociones: es donde lo que pensamos controla lo que sentimos y viceversa. Es el que toma la decisión final en todos nuestros planes. Cuando pensamos en varias cosas que podríamos estar haciendo, este es el circuito que finalmente elige entre las opciones basadas en cómo nos sentimos acerca de ellas y sus propiedades emocionales y motivacionales.
-        El circuito "Quién": este circuito final va desde el lóbulo frontal hasta la parte posterior del hemisferio. Es donde tiene lugar la autoconciencia, es donde estamos conscientes de lo que hacemos, cómo nos sentimos (tanto interna como externamente) y lo que nos está sucediendo.
Al ver el TDAH en relación con estos cuatro circuitos, puede comprender dónde se originan los síntomas. Dependiendo de qué circuitos estén más deteriorados y menos deteriorados, puede ver una variación en los tipos de síntomas que cualquier persona va a tener. Algunas personas tienen más déficit de memoria de trabajo. Otras personas tienen más problemas de regulación emocional. Algunas personas tienen más dificultades con el tiempo, pero menos dificultades con todas las demás. Pero todos ellos involucran estos circuitos.
Entonces, sabemos qué partes del cerebro controlan las funciones ejecutivas y sabemos cuáles son, pero ¿cómo las reconocemos en nuestro quehacer diario? Hablando en términos generales, la función ejecutiva se refiere a las capacidades cognitivas o mentales que las personas necesitan para perseguir sus objetivos activamente. En otras palabras, se trata de cómo nos comportamos hacia nuestros objetivos futuros y qué habilidades mentales necesitamos para lograrlos.
El término está muy relacionado con la autorregulación: las funciones ejecutivas son cosas que te haces a ti mismo para cambiar tu comportamiento. Al emplear sus funciones ejecutivas de manera efectiva, espera cambiar su futuro para mejor.
La función ejecutiva se juzga por la fuerza de estas siete habilidades:
1. Autoconciencia: esto es atención autodirigida.
2. Inhibición: también conocida como autocontrol.
3. Memoria de trabajo no verbal: la capacidad de mantener las cosas en tu mente. Esencialmente, imágenes visuales: cómo de bien puedes imaginarte las cosas mentalmente.
4. Memoria de trabajo verbal: auto-discurso, o discurso interno. La mayoría de la gente piensa que esto es su "monólogo interior".
5. Autorregulación emocional: la capacidad de tomar las cuatro funciones ejecutivas anteriores y usarlas para manipular su propio estado emocional. Esto significa aprender a usar palabras, imágenes y su autoconciencia para procesar y alterar cómo nos sentimos acerca de las cosas.
6. Auto-motivación: ¿Cómo puede motivarse para completar una tarea cuando no hay una consecuencia externa inmediata?
7. Planificación y resolución de problemas: a los expertos a veces les gusta pensar en esto como "juego propio": cómo jugamos con la información en nuestras mentes para encontrar nuevas formas de hacer algo. Al separar las cosas y combinarlas de diferentes maneras, estamos planeando soluciones a nuestros problemas.
¿Te suena familiar esta lista? Cualquier persona que muestre los síntomas clásicos del TDAH tendrá dificultades con todas o la mayoría de estas siete funciones ejecutivas. Los problemas con la inhibición en alguien con TDAH conducen a acciones impulsivas, por ejemplo: los problemas con la regulación emocional conducen a arrebatos inapropiados.
Por todo ello concluimos que esencialmente, el TDAH es un trastorno por déficit de la función ejecutiva (EFD). El término general "TDAH" es simplemente otra forma de referirse a estos temas.